Volkswacht Bodensee - La Universidad de León y Cantabria revelan nueva actividad geológica en la Cordillera Cantábrica

La Universidad de León y Cantabria revelan nueva actividad geológica en la Cordillera Cantábrica
La Universidad de León y Cantabria revelan nueva actividad geológica en la Cordillera Cantábrica

La Universidad de León y Cantabria revelan nueva actividad geológica en la Cordillera Cantábrica

Investigadores de las universidades de León y Cantabria han publicado hallazgos en la revista Quaternary Science Reviews que confirman la reactivación de fallas geológicas centenarias en la Cordillera Cantábrica. El análisis de sedimentos en la Cueva de Llamazares revela un levantamiento del terreno constante durante el Cuaternario.

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Una investigación coordinada por las universidades de León y Cantabria ha establecido que fallas geológicas, originadas hace aproximadamente 330 millones de años, se reactivaron durante los últimos 500.000 años. Esta actividad tectónica reciente fue el motor principal del levantamiento del relieve en la cabecera del río Curueño, un proceso que ha moldeado significativamente la topografía actual de la zona. Los resultados del estudio, liderado por el doctor Daniel Ballesteros, se han publicado recientemente en la revista Quaternary Science Reviews y aportan nuevas evidencias sobre la evolución geológica reciente de la Cordillera Cantábrica.

Aunque se conoce que el levantamiento principal de la Cordillera Cantábrica ocurrió entre hace 80 y 30 millones de años como consecuencia de la colisión entre las placas tectónicas ibérica y europea, los datos obtenidos en la Cueva de Llamazares indican que la actividad orogénica no cesó con el fin de esa fase principal. Por el contrario, el terreno continuó elevándose durante el periodo Cuaternario. Los investigadores identificaron antiguos sedimentos del río Curueño depositados en el interior de esta cavidad hace aproximadamente medio millón de años. En ese momento, el cauce del río circulaba a una altitud similar a la que presenta hoy la entrada de la cueva.

Desde entonces, la combinación del levantamiento del terreno y la erosión fluvial ha provocado que el río profundizara progresivamente su cauce. La velocidad estimada de este encajamiento se sitúa entre 0,5 y 0,6 milímetros al año, lo que ha llevado al curso de agua a alcanzar su posición actual, unos 280 metros por debajo del nivel de la cueva. Este proceso de incisión fluvial fue fundamental para la formación de los profundos y estrechos valles que caracterizan esta parte de la montaña leonesa, incluyendo las formaciones geológicas conocidas como las hoces de Valdeteja.

La investigadora Esperanza Fernández, del área de Paleontología de la Universidad de León, explica que en el último medio millón de años el río Curueño ha excavado su valle unos 280 metros. Este ritmo es superior al registrado en el resto de la red hidrográfica del Duero. Fernández atribuye esta diferencia a la actividad de fallas próximas a la cueva que han elevado localmente el terreno. El estudio señala que dos de estas fallas, formadas hace más de 300 millones de años y que ya se desplazaron durante la formación original de la cordillera, experimentaron nuevos movimientos en tiempos geológicos recientes. Estos desplazamientos, estimados entre varias decenas y unos pocos cientos de metros, elevaron el entorno de la cueva y favorecieron una excavación del valle más rápida que en otros sectores.

Además de aportar claves sobre la evolución del relieve, la investigación convierte a la Cueva de Llamazares en la cavidad con mayor antigüedad datada en la provincia de León, con al menos medio millón de años de historia. Aunque otras cuevas situadas a mayor altura sobre el valle podrían ser aún más antiguas, no se dispone actualmente de dataciones que permitan confirmarlo. Estos resultados refuerzan el valor científico y patrimonial del enclave, considerado un lugar excepcional para reconstruir la historia geológica, natural y humana de la montaña leonesa.

El trabajo se enmarca dentro del proyecto Frontera Cantábrica, financiado por la Fundación Patrimonio Natural y desarrollado en colaboración con la Universidad de León, el Servicio Territorial de Medio Ambiente de León y el Grupo de Intervenciones en Altura (GRIA) de la Junta de Castilla y León. El proyecto es codirigido por la doctora Fernández y el doctor Darío Fidalgo, del Museo de Ciencias Naturales de Berlín, y continúa investigando las cuevas de León para reconstruir la evolución geológica, ambiental, faunística y humana de la región.

El interés científico por la Cueva de Llamazares no es nuevo. Investigaciones previas del mismo equipo ya habían identificado esqueletos de gran tamaño de osos pardos, rebecos y caballos salvajes con una antigüedad entre 9.000 y 2.000 años. Actualmente, se desarrollan nuevas investigaciones en la cavidad que buscan aclarar las dinámicas de ocupación por seres humanos y fauna a lo largo del tiempo, así como los cambios experimentados por los ecosistemas de esta área montañosa en los últimos 10.000 años.

P.Keller--VB