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Las "dos guerras" de Nikolái 40 años después de Chernóbil
Nikolái Soloviov libró su "primera guerra", contra la radiación, en 1986 en la central nuclear de Chernóbil. Cuatro décadas más tarde, "la otra guerra", esta vez contra la invasión rusa de Ucrania, le arrebató a un hijo.
Este aficionado al rock duro conserva de su juventud el pelo largo, ahora canoso.
La noche del peor accidente nuclear de la historia, el 26 de abril de 1986, Soloviov era "mecánico de turbinas" en la unidad 2, a unos cientos de metros del reactor 4, que explotó durante una prueba, cuenta con precisión a la AFP.
"Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión", describe este hombre corpulento de 67 años.
Las alarmas sonaron. Entonces se dirigió hacia el reactor número 4. De camino se cruzó con un compañero irradiado que vomitaba, con otro que transportaban en una camilla y otro más desplomado sobre su ordenador, con la cabeza entre los brazos.
Todos murieron poco después.
La magnitud de la catástrofe saltaba a la vista. Vio "el cielo" a través del agujero causado por la explosión. En los pasillos, torrentes de agua emanaban de las tuberías rotas.
Los bomberos intervinieron en el reactor humeante. "No dejaron que el fuego se propagara", cuenta Soloviov.
Casi todos esos socorristas fallecieron, quemados por la radiación.
Al amanecer habló con sus compañeros del tiempo que les quedaba de vida. "Dos semanas", dijo uno. Entonces Nikolái Soloviov volvió a fumar: "un cigarro cubano".
Lo había dejado cinco meses antes, pero "mejor morir joven y guapo", bromea ahora.
- Ávidos de elogios -
La mañana del 26 de abril de 1986, terminó su turno. El equipo de día tomó el relevo. Se fue en autobús a Pripiat, la ciudad donde se alojaban los empleados, a tres kilómetros de la central.
En las calles, la gente seguía con su rutina. Lo único diferente eran los camiones que rociaban las aceras con un "detergente" espumoso.
Al llegar a casa, le dijo a su mujer que se atrincherara.
Durante días, las autoridades soviéticas ocultaron la catástrofe que debilitó a la URSS más de lo que ya lo estaba.
Nikolái Soloviov permaneció en la central durante la "liquidación", la construcción del primer sarcófago y, posteriormente, del segundo, dañado en 2025 por un ataque con un dron ruso.
También estuvo en 1991 durante un grave incendio en la unidad 2.
La central produjo electricidad hasta el año 2000 y desde entonces varios equipos trabajan en su interior para garantizar la seguridad.
Soloviov se convirtió en ingeniero. Se quedó porque el trabajo era "interesante", con salarios altos y "muchas vacaciones".
En su opinión, la prueba de 1986 era "peligrosa", pero la dirección insistió en llevarla a cabo para ganarse la simpatía de las autoridades soviéticas.
Considera que "sólo la URSS" tenía los medios para llevar a cabo las operaciones de "liquidación", en las que participaron cientos de miles de personas y otras tantas fueron evacuadas.
Soloviov vio a decenas de conocidos suyos morir de cáncer.
De su equipo de noche, solo cuatro empleados, de un total de 22, siguen vivos.
En 2005, un polémico informe de la ONU estimó en 4.000 el número de muertos confirmados o futuros en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Un año más tarde la oenegé Greenpeace calculó que fallecieron 100.000 personas.
- "Guerra atómica" -
Nikolái estuvo expuesto a fuertes dosis de radiación. Atribuye su supervivencia a "su buena salud", la práctica de deporte, su carácter sereno y sus genes.
"Hay que dar gracias a Dios y a mis padres por haberme dado buenos genes", declara.
Vive en su casa de campo cerca de Slavútich, una ciudad fundada en 1986, a 120 km al norte de Kiev, para acoger a los desplazados.
En el museo local dedicado a Chernóbil ahora se exponen restos de drones rusos derribados.
"Eso es la otra guerra", comenta Nikolái Soloviov.
En la plaza central de Slavútich habla de su primera guerra "atómica" contra el veneno invisible e inodoro de la radiación.
"Aquí, la gente dice 'antes o después de la guerra' al referirse al 26 de abril de 1986. Y ahora se dice que ya estamos viviendo la segunda guerra de nuestra generación", explica.
La noche del 23 al 24 de febrero de 2022 partió hacia la central. Nunca llegó porque los dos puentes que conducían a ella estaban destruidos.
El ejército ruso tomó Chernóbil y la ocupó durante un mes.
El hijo menor de Nikolái Soloviov se alistó en las fuerzas ucranianas. En septiembre de 2023 fue dado por desaparecido en el frente.
Esta desgracia dejó a Soloviov sin fuerzas para trabajar y se jubiló.
E.Burkhard--VB