Volkswacht Bodensee - En el altiplano de Perú, la desesperanza marca la elección presidencial

En el altiplano de Perú, la desesperanza marca la elección presidencial
En el altiplano de Perú, la desesperanza marca la elección presidencial / Foto: © AFP

En el altiplano de Perú, la desesperanza marca la elección presidencial

Bajo el sol abrasador del altiplano peruano, Dominga Quenta, de 78 años, clasifica papas en el suelo con sus manos ásperas, como lo ha hecho toda su vida. Esta campesina aimara ya no espera nada de Lima.

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A pocos días de la segunda vuelta presidencial entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, Quenta dice que ya no cree en las promesas de los políticos.

"Nadie me va a dar un sol (centavo). Con mis manos trabajo", dice esta habitante de la comunidad de Caritamaya, cerca del lago Titicaca, en la región de Puno, a casi 4.000 metros de altitud.

Su esposo, Rufino Cutipa, de 75 años, asiente: "Aquí nadie viene, nadie nos ve, nosotros vivimos por nuestros propios medios".

Unas cuantas vacas y ovejas pastan cerca del pozo que abastece de agua tanto al ganado como a la pareja. Alrededor de su casa de adobe, la llanura amarillenta se extiende hasta las colinas del Altiplano.

En las parcelas vecinas, mujeres vestidas con trajes tradicionales, algunas descalzas, golpean la tierra con picos para cosechar las últimas papas de la temporada.

Más de un tercio de la población de la región vive en pobreza, según datos oficiales.

La desilusión de Quenta y Cutipa no beneficia, en todo caso, a la hija del expresidente autocrático Alberto Fujimori (1990-2000), candidata a la presidencia por cuarta vez.

"El papá mucho tiempo ha gobernado, la hija debe dejar a otros", opina Quenta, mientras se alisa la pollera de color rojo vivo, la amplia falda tradicional de las andinas.

Al igual que esta pareja, muchos en la región votarán por Sánchez, más por rechazo al fujimorismo que por convicción.

"Aquí hay muchas heladas, es muy duro. No queremos que los hijos vivan aquí. Todos se fueron", explica la mujer de rostro curtido, refiriéndose a sus cuatro hijos.

Uno de ellos, César Cutipa, de 45 años, es ingeniero electrónico en Puno, la capital regional, a una hora por carretera.

De visita en la casa de sus padres, cuenta con la voz quebrada que ellos vendieron una vaca y una oveja para que pudiera ir a la escuela.

Para él, Sánchez, exministro y congresista, es "el mal menor". "No creo que cambie mucho" la situación, afirmó.

En la primera vuelta de las presidenciales del 12 de abril, Sánchez obtuvo en esta región el 27% de los votos frente al 2,9% de Fujimori. A nivel nacional, los dos sumados no llegaron al 30%.

- La represión de 2023 -

La desconfianza hacia el poder central aumentó luego de que en diciembre de 2022 el Congreso destituyera al entonces presidente Pedro Castillo cuando intentó disolverlo.

En la región, muchos siguen viendo a ese exmaestro, cuyo legado político reivindica Sánchez, como símbolo de una esperanza de cambio que fracasó.

Su caída desencadenó manifestaciones durante tres meses que dejaron más de 50 muertos, 18 en un solo día en Juliaca, gran ciudad comercial a una hora en auto de Puno.

Jhamileth Aroquipa tenía 17 años. La alcanzó una bala cuando salió, entre calles bloqueadas, a buscar comestibles para abastecer la pequeña tienda de su madre.

Estudiaba psicología. Su horario universitario sigue colgado en la pared de su habitación.

"El único error fue salir a la calle", dice entre lágrimas su madre Dominga Hancco, de 44 años, en su casa de ladrillos en un barrio de Juliaca con calles de tierra llenas de baches.

"Son tres años, más de tres años, y no hay justicia", lamenta esta mujer de largas trenzas. "El Estado, cuando el pueblo reclama, nunca responde. Solo nos calla, solo nos mata".

Para ella, la candidata de derecha representa al mismo poder que reprimió las manifestaciones y votará por Sánchez. "No hay otro", dice. "Keiko no nos representa. Nos va a callar totalmente", agrega.

Paulo Vilca, del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), explica que este voto se inscribe en una tradición del sur andino favorable a los candidatos que prometen cambios, al sentirse marginado porque los beneficios del crecimiento se han concentrado sobre todo en la costa.

En la segunda vuelta, Sánchez se convirtió en "el dique frente al fujimorismo", resume el experto.

Pero el dique tiene grietas. Efraín Vilca, taxista y propietario de un barco turístico en el Titicaca, ve en Keiko Fujimori una oportunidad de auge turístico. "Hay muchos votos escondidos", dice.

A.Ruegg--VB