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Al borde de la carretera, los ucranianos reciben a sus prisioneros de guerra
En el norte de Ucrania, jóvenes y ancianos, amigos y familias con niños se congregan a lo largo de las carreteras para recibir a los militares ucranianos recién liberados de su cautiverio en manos rusas.
Larissa Gladka participa en este ritual desde hace dos años. Esta empleada municipal de 50 años lleva banderas en el maletero de su auto y tiene a cuatro amigas en constante alerta.
"Apenas recibimos aviso de que llegan las ambulancias saltamos a los autos", cuenta a la AFP esta mujer cuyo esposo murió en combate, y cuyo hijo sigue sirviendo en el ejército.
El intercambio de prisioneros ocurre en la frontera con Bielorrusia, a decenas de kilómetros de allí.
Mientras espera que llegue la caravana, Larissa detiene su vehículo sobre una colina que domina la carretera para ver mejor.
Las amigas sacan las banderas y escudriñan el horizonte con prismáticos.
En otros lugares, cientos de compatriotas hacen lo mismo. No importa la hora ni el tiempo que haga, cuando se acerca la caravana, salen a la carretera.
Los que viven más cerca de la frontera avisan por Telegram a los demás en el grupo.
Finalmente aparece el convoy principal: autobuses escoltados por vehículos policiales con sirenas y luces intermitentes.
Rápidamente se produce una explosión de alegría.
Ondean las banderas nacionales, las manos se levantan para saludar. Hay sonrisas y algunas lágrimas.
"Reímos, lloramos, temblamos por dentro al ver esas miradas a la vez tristes y felices, bañadas en lágrimas, cuenta Larissa a la AFP.
En respuesta, los vehículos tocan la bocina sin aminorar la marcha.
A bordo, los soldados de rostros demacrados, con las cabezas rapadas en las cárceles rusas, están igual de conmovidos.
- "Como un segundo nacimiento" -
"Es como un segundo nacimiento. No hay palabras. Se te pone la piel de gallina. Se te llenan los ojos de lágrimas", relata Iaroslav Rumiantsev, liberado en 2025 en un intercambio, tras 39 meses de cautiverio.
"Había chicas jóvenes que nos sonreían e inclinaban la cabeza, y yo también me levanté e incliné la cabeza", contó a la AFP este soldado de 30 años.
Muchos apenas pueden creer lo que ven después de meses o años de aislamiento, un cautiverio a menudo marcado por malos tratos o incluso torturas.
"Los muchachos se sorprenden de ser recibidos así, porque en Rusia les decían que aquí no los esperábamos" dijo a la AFP Andrii, de 53 años, uno de los conductores que transporta a los soldados liberados.
Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, Kiev ha recuperado más de 8.000 prisioneros de guerra y cerca de 17.750 cadáveres, indicaron a la AFP las autoridades ucranianas.
Esos intercambios, el último a inicios de marzo con 500 prisioneros de cada lado, siguen siendo uno de los pocos ámbitos de cooperación entre las partes en conflicto.
La tradición de saludar a los repatriados comenzó con un pequeño grupo de cinco o seis personas pero ahora hay una red que se coordina por internet y está presente a lo largo de decenas de kilómetros desde la frontera.
Anatolii Devitski no se ha perdido un solo intercambio en más de un año. "En invierno hacía mucho frío, pero nos quedábamos allí, esperábamos", recordó este hombre de 50 años.
"No es una obligación, pero sí nuestro deber", sostiene la empleada municipal Anna Kondratenko, de 33 años, cuyo cuñado pasó dos años en cautiverio.
¿Durante cuánto tiempo estarán ella y los demás dispuestos a continuar? "Hasta el fin", asegura Anna. "Mientras no los hayamos intercambiado a todos, esperaremos a cada uno".
"Hasta que hayamos liquidado a todos los 'rusos de mierda' y vuelva la paz", expresa por su parte Devitski.
T.Germann--VB