Volkswacht Bodensee - En el Uruguay campestre conocí "la belleza de verdad", dice Gabriela Hearst, ícono de la moda sustentable

En el Uruguay campestre conocí "la belleza de verdad", dice Gabriela Hearst, ícono de la moda sustentable
En el Uruguay campestre conocí "la belleza de verdad", dice Gabriela Hearst, ícono de la moda sustentable / Foto: © AFP

En el Uruguay campestre conocí "la belleza de verdad", dice Gabriela Hearst, ícono de la moda sustentable

Una infancia en la naturaleza, animales de campo y cielos estrellados en el interior remoto de Uruguay: así cultivó la diseñadora Gabriela Hearst su pasión por el lujo sustentable, con el que ha dado la vuelta al mundo combinando fibras naturales, trabajo artesanal y bajo impacto ambiental.

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A punto de cumplir 50 años, Hearst es un nombre consagrado en los altos círculos de la moda. Fue la primera latinoamericana en dirigir la casa francesa Chloé (2020-2023) y desde hace una década su marca personal es elegida por celebridades como Kate Middleton, Julia Roberts o la ex primera dama estadounidense Jill Biden.

Aunque se radicó e hizo su carrera principalmente en Nueva York, dijo a la AFP que todo lo que sabe "de calidad y de sustentabilidad" lo aprendió en su Uruguay natal, un país ganadero de apenas 3,4 millones de habitantes donde conoció "la belleza de verdad".

"Cuando era chica me quería ir a viajar, a ver el mundo", contó en una entrevista en su reciente viaje a Montevideo para presentar los uniformes de la delegación uruguaya en el Mundial de Fútbol.

Tras recorrer el mundo "pude valorar lo que es crecer con esos cielos llenos de estrellas, la naturaleza, comer la comida de la tierra, la calidad, el lujo natural que me rodeaba".

- Poco pero bueno -

"Mi mamá tenía un ropero muy chiquitito en el campo" con ropa "hecha por Tota, la modista de la familia". Pero cada prenda nueva se encomendaba para "momentos especiales de la vida: el ajuar, cuando te casabas, cuando tenías un hijo", recuerda. "La ropa se heredaba".

Su arenga a elegir calidad sobre cantidad, y a comprar piezas atemporales, desafía los tiempos actuales de 'fast fashion' y tendencias efímeras.

Y aunque Hearst reconoce que la gran mayoría no puede costear un guardarropas hecho de prendas de materiales nobles, sí puede contribuir frenando el consumo, afirma.

"Me visitaron estudiantes y les pregunté: ¿cuántos de ustedes compran 'fast fashion'? Eran como 25 y levantaron la mano dos o tres. Y ¿cuántos compran ropa vintage? Y levantaron la mano todos", relata.

"Hay tanta ropa en el mundo, de todos lados, que uno puede comprar ropa vintage, de segunda mano, y está buenísimo". "Siempre hay una manera de tener poco pero bueno".

- El valor artesanal en tiempos de IA -

"La revolución digital y el cambio climático son dos fuerzas que están moldeando la humanidad", reflexiona.

En un mundo donde todo parece acelerarse, especialmente tras la irrupción de la inteligencia artificial, más que nunca "va a haber una necesidad auténtica de creación hecha a mano".

"La parte humana, la parte de nuestro cerebro que es único en nosotros, la parte que brilla de la humanidad va a importar cada vez más", dice Hearst.

Y esa humanidad es uno de los valores que dice encontrar en su país natal.

Aquí, una red de cooperativas de cientos de mujeres tejedoras, Manos del Uruguay, confecciona prendas artesanales para la marca de Hearst, con telares manuales o simplemente con un par de agujas de punto.

Lo que nace en sus manos en el campo uruguayo aparece en pasarelas, en tapas de revistas como Vogue, o en la televisión, como una manta multicolor que causó furor tras aparecer sobre las piernas de Sarah Jessica Parker en la secuela de Sex and The City.

"Es increíble que nuestra artesanía llegue tan lejos", dijo a la AFP Mabel Bargas, de 60 años, una de las tejedoras de la organización.

Junto con el aumento de la demanda, la colaboración con Hearst y otras marcas internacionales les ha traído más visibilidad.

Es un 'match' perfecto porque tanto Manos del Uruguay como Gabriela Hearst llevan en su ADN la misión de enaltecer los saberes artesanales relacionados con "la vida más lenta del campo", explica Lucía Benítez, diseñadora de Manos del Uruguay.

Para Hearst, el impacto social de su trabajo es parte fundamental del legado que quiere dejar.

"No podemos perder la conexión humana". Quienes tienen el privilegio de no estar luchando por sobrevivir "tenemos la responsabilidad de ayudar a los demás", dice.

"La mejor idea" es la que "ayuda a muchos", concluye.

D.Bachmann--VB