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La elegante mansión londinense donde espías escuchaban a prisioneros nazis
Durante la Segunda Guerra Mundial, decenas de generales nazis vivieron cautivos en una elegante mansión del norte de Londres sin sospechar que escuchaban sus conversaciones. Ahora esa finca abre sus puertas para contar una de las operaciones de espionaje más discretas del Reino Unido.
La histórica mansión de Trent Park había sido en la década de 1930 uno de los lugares predilectos de la alta sociedad londinense, requisada en 1939 y convertida poco después en elegante presidio de más de un centenar de oficiales alemanes.
En la planta superior, aquellos prisioneros de alto rango bebían vino y pasaban el tiempo en elegantes salones, atendidos por sirvientes. Al mismo tiempo, en el sótano, espías escuchaban en secreto sus conversaciones y recopilaban información valiosa sobre los planes de guerra alemanes.
La "Trent Park House of Secrets", la "Casa de los secretos", abrió sus puertas al público el 21 de julio en Enfield, al norte de la capital británica.
El museo pone de relieve el papel de un equipo de personas de habla alemana, en su mayoría refugiados judíos, encargado de transcribir los fragmentos de conversaciones captados por los micrófonos.
"Trent Park formaba parte de una red de casas utilizadas para labores de inteligencia", cuya sede central era Bletchley Park, explica a la AFP el director del museo, Giuseppe Albano, un británico de origen italiano.
Bletchley Park servía como base para los equipos del matemático Alan Turing, que logró descifrar los códigos de la máquina Enigma, utilizada por los nazis para cifrar sus mensajes.
- Vigilancia día y noche -
Las casas estaban equipadas con micrófonos ocultos, incluso en los jardines, y conectados a dispositivos de escucha instalados en las antiguas dependencias del personal doméstico, donde se mantenía una vigilancia día y noche.
La operación llevada a cabo en Trent Park, rebautizada como "Campo número 11", permitió recopilar información "utilizada directamente por el gobierno británico para poner fin a la Segunda Guerra Mundial lo antes posible", según Albano.
Según el director del museo, ofrecer a los generales un entorno cómodo para ganarse su confianza formaba parte de una "estrategia tan astuta como maquiavélica".
Antes de la guerra, Trent Park, una finca creada a finales del siglo XVIII, pertenecía al rico político conservador Philip Sassoon, quien recibía allí a numerosas personalidades, como Charles Chaplin y Winston Churchill.
Tras su muerte, en 1939, la casa fue requisada, y entre 1942 y 1945 fueron encarcelados allí 84 generales y 22 oficiales alemanes.
Entre ellos se encontraba el general Dietrich von Choltitz, quien fue gobernador militar de París antes de capitular ante los aliados y ser encarcelado en Trent Park en agosto de 1944.
Sin saber que sus conversaciones podían ser escuchadas incluso cuando se asomaban a las ventanas o paseaban por los jardines, los prisioneros dejaron escapar numerosos secretos, entre ellos información sobre el desarrollo de los primeros misiles balísticos V-2.
Esto permitió a los británicos bombardear el centro de investigación donde se desarrollaban y retrasar su utilización.
Aunque los micrófonos fueron retirados, algunos cables instalados en la mansión permanecieron allí después de la guerra y hoy se exhiben en el museo.
Las transcripciones de las conversaciones fueron entregadas a los Archivos Nacionales británicos, aunque, según Albano, algunos documentos permanecen clasificados y no pueden consultarse públicamente.
- Reconocimientos a los espías -
En las salas de escucha, los visitantes pueden oír algunas de las conversaciones recreadas por actores.
"La peor tarea que llevé a cabo fue la liquidación de los judíos", admite en las conversaciones Dietrich von Choltitz.
Sin embargo, Reino Unido no transmitió estos elementos a los tribunales encargados de juzgar los crímenes de guerra, para no revelar sus métodos.
Adam Ganz, autor de la obra radiofónica de la BBC "Listening to the generals" (Escuchando a los generales), considera importante que se reconozca el trabajo de estos espías.
Su padre Peter, ya fallecido, había sido reclutado para escuchar las conversaciones de los nazis después de huir de Alemania, donde había estado internado en el campo de concentración de Buchenwald.
Más tarde se convirtió en profesor en Oxford y nunca habló públicamente de ello, pero "creo que estaba orgulloso", declara su hijo a la AFP.
Nadie conocía la relevancia de estos espías. "Es importante y valioso que hoy se reconozca su contribución", añade.
G.Schmid--VB