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Nueva York, el reino de las filas de espera
Frente a L'industrie Pizzeria, como frente a muchos otros restaurantes y tiendas de Nueva York, los clientes hacen cola detrás de barreras con cintas para no molestar a los transeúntes y bajo la vigilancia de un empleado.
Desde la pandemia de covid, las filas de espera se multiplican en las aceras de la Gran Manzana, un fenómeno potenciado por las redes sociales, que genera su propia economía.
"La ciudad se ha vuelto bastante caótica últimamente", comenta a la AFP la influencer gastronómica Ali Chilton, de 31 años, que cuenta con 168.000 seguidores en Instagram y 20.000 en TikTok.
"Pueden echarme la culpa por las filas en algunos lugares", presume, y recuerda el entusiasmo por el chocolate caliente GLACE tras un video que publicó a finales de 2023, del que reivindica decenas de millones de visualizaciones.
El año pasado hubo incluso quienes esperaron toda una noche para conseguir una entrada gratuita para una obra de teatro en Central Park con los actores Lupita Nyong’o y Peter Dinklage.
Isabella Downes hace poco hizo fila unos 40 minutos frente a una tienda delicatessen de Manhattan. La movía la curiosidad por los Dot Cakes, unos pastelitos recubiertos de glaseado y grajeas multicolores que cuestan 11 dólares cada uno y se volvieron virales.
- "Ritual social" -
"Me gusta hacer fila y participar en algo de tendencia y divertido", explica esta responsable de marketing de 35 años, que ahora está buscando empleo.
"Estar juntos, reunidos en torno a una misma cosa, en general en un ambiente alegre, puede ser realmente agradable" en un mundo "tan polarizado" como el de hoy, añade.
El video de su degustación, reposteado por el vendedor, obtuvo unas 4.000 visualizaciones en Instagram en 24 horas (cuatro veces el número de seguidores que tiene ella) y más "me gusta" que su luna de miel, bromea Downes.
Roberto Casati, un filósofo franco-italiano que dedicó un artículo a las filas de espera en la revista digital de la Universidad MIT, señala que en torno a ellas se crea un "ritual social".
Se convierten en experiencias "compartibles", "instagrameables" y, por lo tanto, más "aceptables" que esperar en el supermercado, explica este profesor de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, entrevistado por la AFP.
Hacer estas filas es una muestra de "buen gusto" y "conocimiento", pero también de "resistencia", escribe Sam Abrams, profesor en la universidad Sarah Lawrence, en un artículo para el sitio especializado NewGeography.com.
Ciertamente se tejen vínculos sociales en algunas filas de espera populares, observa Abrams, a quien sin embargo le preocupa el "sentimiento constante de deseo y de necesidad" incentivado por las redes sociales.
El fenómeno también genera tensiones vecinales: en 2024, la cadena de bagels Apollo se enfrentó en la justicia al propietario de un edificio que alberga una de sus tiendas, quien le pedía que desplazara su fila de espera.
- Hacer fila por otros -
Para los impacientes, el sitio web "Damn Lines" (Malditas filas), lanzado recientemente por el ingeniero de software Lucas Gordon, evalúa en tiempo real la duración de ciertas colas gracias a cámaras instaladas en casas de vecinos remunerados.
También es posible contratar a un "line sitter", es decir, a una persona que haga fila por uno. Ese es el modelo de negocio de "Same Ole Line Dudes", fundada en 2012.
El furor por el "cronut" (croissant-donut) del pastelero neoyorquino Dominique Ansel, uno de los primeros booms culinarios mundiales alimentados por las redes sociales, impulsó la empresa al año siguiente, recuerda su director, Robert Samuel, de 50 años.
Más de una década después, los trabajadores autónomos de "Same Ole Line Dudes", una treintena en total, están presentes diariamente en al menos dos filas, a veces en muchas más.
Cobran 25 dólares la hora por una porción de pizza o una entrada a un espectáculo en Broadway; y 50 dólares por conseguir un lugar durante los juicios más seguidos, un servicio utilizado por numerosos medios de comunicación.
Y el cliente no siempre es quien uno cree.
"No puedo dar nombres, pero varias empresas ya nos han contratado para hacer fila frente a sus locales", dice Samuel a la AFP.
D.Schlegel--VB