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En Birmania, los musulmanes de Mandalay celebran en duelo el fin del Ramadán
Cientos de musulmanes se congregaron el lunes en Birmania para la fiesta de Aíd al-Fitr, pero en Mandalay las oraciones fueron dedicadas a las numerosas víctimas del potente y mortífero terremoto que sacudió al país.
Por la mañana, los fieles se reunieron en una calle donde veinte personas murieron el viernes debido al sismo de magnitud 7,7 que devastó esta ciudad del centro de Birmania.
"Que Alá nos conceda a todos la paz" y que "todos los hermanos puedan ser liberados del peligro", dijo un imán con la voz quebrada durante la oración por el alma de los fallecidos.
En total, 14 niños y dos adultos murieron en el derrumbe del alminar de la mezquita sur de Sajja, en el barrio musulmán de Mawyagiwah, y otras cuatro personas en la mezquita norte de la misma zona, indicaron los habitantes.
La mayoría de las víctimas pertenecían a la familia cercana y alejada de Win Thiri Aung.
"Normalmente, estamos llenos de alegría cuando es la Aíd al-Fitr", la fiesta que marca el fin del ayuno del Ramadán, dice la mujer de 26 años.
"Pero este año nuestros corazones están apenados, y todos nuestros pensamientos van a los niños muertos", insiste.
"Es una prueba de Alá, un recordatorio de que debemos volver a él y rezar más", agrega.
- Rezar en la calle -
En el exterior del sendero que lleva a las mezquitas, los fieles, muchos de ellos vestidos con prendas nuevas, como es tradicional para la celebración de la fiesta, rezan en lonas de plástico azul puestas en la calle.
"La situación es tan desastrosa que es difícil expresar lo que sucede", afirma Aung Myint Hussein, administrador de la mezquita norte de Sajja.
"Es como si nuestra vida entera hubiera sido destrozada por esta serie de temblores y miedos", dice resignado.
Los daños son muy variables en Mandalay. Algunos edificios quedaron completamente destruidos, pero los daños están concentrados en un sector y una gran parte de la ciudad, donde ya se restableció la circulación y reabrieron los restaurantes, parece no haber visto tan afectada.
Al final de la calle de las mezquitas, un habitante cuenta que seis personas murieron en el derrumbe de una pastelería y otras dos personas en un restaurante del otro lado de la carretera.
Sandar Aung, 11 años, resultó gravemente herido durante la oración del viernes y falleció pocas horas después en el hospital.
"Estoy tan triste, mi hijo estaba tan entusiasmado con la fiesta del Aíd", dice su madre, Htet Myet Aung, de 37 años, sin poder contener las lágrimas.
"Íbamos a estrenar ropa nueva juntos", recuerda llorando. "Aceptamos lo que Alá planificó", dice resignada y secándose las lágrimas.
H.Weber--VB